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¿Qué saben de dormir cuando no se debe?, ¡no saben nada!

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¿Qué saben de dormir cuando no se debe?, ¡no saben nada!

Mensaje por Toho Yonaka el Jue Mayo 19, 2011 9:49 pm

Había partido desde su hogar en el South Blue, teniendo que pasar por encima de la mitad de los maestros de la isla, quienes se negaban a dejar partir a alguien quién todavía no terminaba de aprender la esencia de cada arte marcial en la que se había inscrito, pero es que ellos no le entendían, el no deseaba aprender la esencia, solo necesitaba los movimientos y la condición física y mental de cada disciplina, todo con tal de lograr cada vez encontrar mejores batallas. No, a él no le iban las meditaciones, lo más cercano a aquella situación de tranquilidad mental era cuando dormía, acción que, por cierto, le había llevado a donde estaba.

- Pero....¿donde mierda estoy?

Asomo su morena figura por la proa de la pequeña embarcación en la que andaba, la cual, por cierto, se había prácticamente robado, con la promesa posterior de que la devolvería algún día el triple de grande, en la siguiente después de salir de Karate Shima. Se había colado en un enorme galeón de la marina, sabiendo que lo llevarían a una ciudad grande donde podría usar su escaso dinero para comprar una embarcación pequeña, habían tardado días y el se las había aguantado todas en el fondo del barco, escondido detrás de la polea del ancla y robando ocasionalmente provisiones para no llamar la atención porque, conociéndose como lo hacía, si juntaba suficientes energías como para luchar, saldrían a la borda y trataría de hacerse con el galeón a base de fuerza bruta, así que mejor se mantenía a base de poca comida y con las energías bajas. Al final habían llegado, después de casi una semana de viaje, habían arribado en una tierra cuyo nombre no le sonaba ni por si acaso y en la nada de tiempo se había bajado al puerto, pero en la misma cantidad de tiempo lo habían encontrado y perseguido por el puerto y con las pocas luces y fuerzas que tenía, se vio obligado a huir. Para cuando se dio cuenta de que estaba rodeado, era demasiado tarde y solo opto por la vía mas factible en ese momento; se subió a una embarcación cercana, tiro al hombre que había dentro recogiendo su pesca del día fuera del barco bajo la promesa de que le devolvería el barco algún día y usando una bomba que había extraído durante su loca carrera de un marine derrotado, la tiro sobre el puerto consiguiendo una buena cantidad de humo y posibilidades para huir. No tubo problemas después, era demasiado poca cosa en ese momento como para que lo siguieran a través del mar y seguramente apostaron que no sería capaz de sobrevivir más de dos días en mar abierto al no saber navegar, pero el no se había partido la cabeza tratando de entender ese mismo arte para luego subirse, con permiso o no del Capitán, a una embarcación cualquiera, no, para eso mejor iba en solitario por el mar valiéndose solo de sus habilidades como navegante y si se había escondido en primer lugar en una embarcación de la marine es porque necesitaba llegar a una ciudad para comprar su propia embarcación, cosa que le salio sin precio alguno, pero es misma auto confianza en si mismo lo tenía donde estaba, que, volviendo a repetirse, no sabía donde era.

Había cerrado los ojos un momento, solo un segundo y la había cagado. El cansancio acumulado de tener que pasar sobre los maestros de la isla, la abstinencia de comida durante su travesía en el galeón sumado a su rápida huida que solo le permitió llevar como comida el pescado que había en el barco hicieron que apenas comprobara que las nubes no cambiarían en un buen rato y que el mar estaba aparentemente calmo, le hicieron confiarse de su situación a pesar de no saber donde estar, y se recostó contra el mástil, dejando la bolsa con sus pertenencias entre sus piernas, y pego una siesta. La mala suerte suya era que, al subirse al barco de la marine había cambiado de mar, ya no estaba en su hogar en el South Blue y al parecer el clima aquí era distinto, porque, después de media hora de aparente calma, una tormenta estallo sobre su cabeza y el muchacho de negros y puntiagudos cabellos solo despertó a la mitad de ésta, su brújula se cayó por la borda y ahora su llegada al puerto no dejaba mucha diferencia a la que Jack, perdón, Capitán Jack Sparrow, había tenido en cierta película.

En puerto detuvo a la primera persona que paso por enfrente de su persona, algo que no tuvo buenos resultados, su alta figura, su extraña y morena piel sumado a que su cabello estaba parado y rebelde, pero por sobre todo, el parche que llevaba en su ojo derecho no hacían que diera exactamente la mejor impresión, aparte, la cara de sádico se le notaba a kilómetros. Probo suerte con alguien más, pero no fue sino hasta la quinta persona quién al fin le puso la suficiente atención aun que sea para inquirirle hoscamente qué quería, fue breve, ¿donde estaba?, eso era lo único que necesitaba saber.

- Shell Town.

- ¿Shell Town? - Su respuesta le dejaba exactamente en la misma situación de antes, por lo que se vio forzado a usar aquel tono amable muy extraño en él para volver a dirigirse a aquel hombre que tenía todas las intenciones de irse de allí.- ¿Donde queda eso?.

El hombre lo miró como si fuera un bicho raro y después de recorrerlo de pies a cabeza con la vista, sacando una conclusión al parecer importante de su análisis corporal que le hizo hacer una mueca de sorpresa.

- Shell Town, en el East Blue.

Genial, la marine lo había dejado en otro mar y ahora no tenía barco, brújula y quizá ni siquiera su dinero sirviera ahí. Mejor buscaba un bar. Subió por el puerto y se adentro en la ciudad anotando a su anterior lista de prioridades compara un libro sobre el clima de éste mar para que no le volviera a pasar lo anterior, y de paso un mapa, o al menos algo que le indicara el nombre de las islas.

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Re: ¿Qué saben de dormir cuando no se debe?, ¡no saben nada!

Mensaje por Toho Yonaka el Sáb Mayo 28, 2011 11:16 pm

[Off: doble post por necesidad de no morir (?)]

Subió por el puerto principal hasta el área central del pueblo en donde había ido a parar, quizá, si hubiese sido de ese mar, habría sabido que se encontraba en una ciudad ampliamente conocida por la enorme protección que le otorgaba la marina, por lo que, la presencia de aquel enorme edificio con el símbolo de la misma en el fondo de la ciudad lo único que hacía era enojar el muchacho. Lo iba a tirar abajo. Si, eso haría. Apretó la correo de la bolsa de mano que cargaba sobre su hombro y miró por sobre su hombro hacía el puerto para comprobar que efectivamente la embarcación en la que había llegado hasta ésta desconocida ciudad ya se encontraba varios metros bajo el nivel del mar. Comenzó a andar, atravesó la plaza principal y tan pronto como el había surgido la idea de echar abajo aquella construcción la idea se fue cuando vio el cartel de un bar por una de las calles que atravesaba, al cual entro sin pensarlo ni siquiera una vez, su cuerpo le llevaba ahí como…como….conseguiría una comparación viable cuando tuviera un poco de alcohol en la sangre.

- Un… - Mientras se sentaba en la barra busco en la repisa alguna botella que tuviera un líquido verde fosforescente, indicador de que tenían su bebida favorita, la poco conocida “hada verde”, en su interior, pero al no encontrar dicho color dejo descansar su hombro y coloco la bolsa que cargaba antes sobre él en el suelo, justo al lado de sus pies. - Un whisky.

Su petición no fue llevada a cabo si no hasta que hizo resonar las monedas que traía en su gabardina con un leve movimiento de su brazo al apoyar los codos sobre la mesa y, por primera vez desde que noto el lugar, observo por sobre su hombro izquierdo, por el derecho sería caso perdido al no haber ojo por ese lado, a quienes más habían en aquella taberna bastante hogareña. Dos, tres, cinco, no, nueve mesas, de cinco personas cada una, se encontraban llenas, repartidas en todo el lugar, obviamente, las de los rincones estaban ocupadas por notables hombres que no veían con buenos ojos la entrada del joven azabache y mucho menos su petición, petición que, por cierto, acababa de ser puesta frente a sus ojos con el seco golpe, casi llamada de atención, del vaso contra la barra de madera.

- Gracias. - El barma hizo lo que hacían todos los de su trabajo, o sea, coger un trapo y secar vasos, mientras el tomaba el vaso y revolvía el contenido con un giro circular de la muñeca. una sonrisa extraña asomo a sus labios antes de tomarse un cuarto del contenido. Si, era un buen y admitido alcohólico. - Perfecto.

Iba a preguntar la marca del whisky que le habían servido, venga, que podía saber de alcoholes, pero no todas las marcas, cuando noto que el hombre que le había atendido se giraba hacía la repisa donde estaban las botellas y prendía una radio. Dejo el vaso en la barra y apoyo el mentón en su puño izquierdo girándose concienzudamente hacía la posición donde estaba la radio….y los sujetos que no paraban de señalarlo sin pudor alguno. El locutor narraba como se llevaría a cabo la ejecución de un conocido y renombrado pirata, pero insistía en no decir el nombre del imbécil que hacía entregado su cabeza, por que, ¡vamos!, si eres tan famoso como para que transmitan tu ejecución por la radio es por que has de tener, como mínimo, una poderosa tripulación a tu cargo, y por ende, si estabas atrapado y a punto de ser ejecutado, la misma te iría a salvar, o al menos a intentarlo, pero no, todo parecía calmo y la marina estaba completamente relajada. Menudo imbécil, se repitió para si mismo antes de darle el último fugaz vistazo a la radio que le permitió el robusto hombre que se interpuso en su visión.

- Oye, ¡niñaaaato!. - Genial, un borracho. No se molesto en alzar la vista hacía el sujeto y en cambio llevo el vaso, con deliberada lentitud debido a tener que aguantarse las ganas de montar pelea en aquel bar porque, si lo hacía, seguro llamaban a la marina y le jodían todo el plan de conseguir un mapa de aquel mar. - ¡Tuerto!, ¡escuchame!

Vale, le jodía que lo llamara así, así que le iba a demostrar que, a pesar de poseer un solo ojo, era perfectamente capaz de plantarle cara. Pero se detuvo. El locutor seguía hablando, ahora en presente, de la ejecución y acababa de nombrar un sobrenombre bastante curioso que le había helado la sangra y había provocado que dejara el vaso sobre la mesa mientras su único ojo se abría por la sorpresa. De fondo, muy de fondo, en un quinto o décimo plano, era capaz de escuchar tanto al borracho a su lado como a unos clientes más que murmuraban cosas tales como; “ahí va de nuevo, siempre molestando a los desconocidos”. Parecía ser un cliché ya que el hombre jodiera al mundo, pero hoy no tenía tiempo para el y, ¡joder!, deseaba tenerlo. Le habría pateado el culo de buena gana.

- ¡Imbécil! - El borracho empujo al joven azabache produciendo que su codo, apoyado en la mesa, chocara con el vaso antes colocado en la misma volcándolo sobre si mismo. El líquido se extendía por su pantalón y su mano temblaba. - Oh, el niño está tan asustado que se ha hecho encima. - Señalo la mancha que el mismo había producido con un dedo mientras llamaba a sus camaradas borrachos para que se burlaran con el del joven. - ¡Mirad!, ¡mirad!

A la mierda la marina, pensó. Su mano se deslizo con demasiada rapidez hacía su cinturón y extrajo una de sus nudilleras que encajo perfectamente en su mano al mismo tiempo que golpeaba el estómago del hombre provocando que el mismo retrocediera medio paso. Lo aguanto y luego se jacto del acto, pero a mitad de frase su voz se corto y cayo de rodillas. Tanoshi al fin extrajo la nudillera del estómago del hombre demostrando así también como las mismas poseían un filo que normalmente estaba ubicado a un lateral de la mano, pero que ahora, con el solo propósito de herir, había usado en el sentido contrario. Vaciando el vaso y dejando un billete en la mesa se levanto y tomo el cuello de la camisa del hombro para apuntar al ojo del mismo con la misma punta que antes lo había atravesado.

- Veamos quién acaba más tuerto ahora.

Le importaba bien poco que estuviera borracho, es más, por lo mismo le iba sacar el ojo, que conociera así sus límite y no fuera molestando por ahí a la gente. Ahora, ¿tenía la voluntad para ella?, si, la tenía, y para mucho más. Acerco la punta de la nudillera al ojo humano, buscando extraerlo cuando la voz del barman le detuvo, por que el futuro tuerto ni palabras podía formar.

- Pa...para, por favor. - Una sonrisa maquiavélica surco su rostro. Mostrando una blanca dentadura y una cara de poseso se giro hacía el hombre. - Solo no queremos problemas.

- Bien. - Alejo la cuchilla, pero no soltó al hombre. - Dame un mapa o cartas de navegación de éste mar. - El barman le miro sin entender lo que le pedía. Esperó pacientemente, ¿cuanto?, ¿diez segundos?, bah, su paciencia no era tanta. - Entiendo. Me lo cargo. - La cuchilla rozo la mejilla del borracho quién, por cierto, si se había meado encima, cuando alguien más le pidió que se detuviera. Busco con la mirada al idiota y poso su único ojo sobre aquel, al parecer, compañero del hombre. - ¿Qué?, ¿tienes lo que pido?.

- No. Pero espera, ¡espera!. - Había continuado con su acción como si nada y se volvió a detener visiblemente fastidiado. - A la vuelta hay una tienda donde venden cosas de navegación. Si quieres te llevo.

- Oh, muchas gracias por tu cooperación.

Miro su mano izquierda, aquella con la cual sostenía la camisa del hombre y lo soltó como si acabara de notar que tocaba algo asqueroso. Una notable sonrisa se había formado en su rostro al obtener lo que necesitaba y ya no parecía el joven sanguinario que hace solo unos segundos casi le extrae, a sangre fría, el ojo a un lugareño. Debía anotar mentalmente no ser tan matón algunas veces. Tomo sus cosas y se volvió hacía la salida sin mediar palabra más con nadie.

- ¿No vas a querer el dinero?

- No lo necesito, solo deseaba saber donde conseguir un mapa, pero por imbéciles como aquel las cosas se complicaron. Procurad no tratar a todos tus clientes no habituales así o el próximo puede no ser tan amable como yo.

Oh, si, tenía una muy buena imagen de si mismo. Salió del lugar bajo la sarcástica exclamación "¡SI, CLARO!" de los lugareños y se dirigió a la tienda mencionada justo mientras veía como del otro lado de la calle emergían un par de marinos alertados, seguramente, por alguien del bar. Al rato había conseguido su mapa, unas cartas de navegación y también un libro sobre el clima de aquel mal, todo por un buen número y sin recurrir a la misma treta que en el bar. Casi. Camino hasta el puerto y sin problemas se colo, como antes, en un barco de la marina que salía, como refuerzo al parecer, hacía la ciudad que todo pirata debía visitar antes de entrar en la Grand Line; Loguetown. ¿Por qué?, quería ver al Rey de los Piratas con sus propios ojos, sentir su poder y saber cuanto le faltaba para conseguir los mejores combates de su vida.
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